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Idolos de Estudiantes del
Norte
HORACIO COLOMBO
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De Estudiantes del Norte a la Selección
Nacional
Distintivo: La "cachetada" de Horacio Colombo
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Fotografía: Horacio Colombo en River Plate. Esta
escena se captó para la revista "El Gráfico" el 27 de abril de
1956.
Horacio Colombo, fue una de las primeras apariciones
notorias y con proyección que se dio en el básquetbol metropolitano luego
de la epopeya mundialista de 1950, quizás la máxima. Entusiasmaba. No
extrañó entonces que muy prontamente llegara a la Selección Nacional.
Casimiro José González Trilla y Francisco del Río, que como dupla de
entrenadores sucedieron en Argentina a Jorge Hugo Canavesi, lo designaron
en 1955 para los 2° Juegos Panamericanos que se realizaron en
México D. F.
Había llegado el recambio y, casi cinco años más tarde, sólo cinco
campeones del mundo integraron este plantel. Fueron Oscar Furlong, Ricardo
González, Alberto López, Juan Carlos Uder y Roberto Viau. La nómina de los
nuevos fue la siguiente: los santafesinos Juan Barea, Edgard Parizzia y
Orlando Peralta; los porteños Horacio Colombo, Juan Gazsó, Adolfo
Lubnicki y Rubén Pagliari; el tucumano Felipe Fernández y el correntino
Genaro Lezcano.
La calidad no se resintió. Igualamos en triple empate el primer puesto, con
un resonante triunfo sobre los norteamericanos, pero quedamos con la medalla
de plata por el "goal average". Fueron cuatro victorias y una
derrota. Se jugó por puntos, todos contra todos, con esta campaña: vs.
Venezuela 72-39, vs. México 78-64, vs. Estados Unidos de
América 54-53, vs. Brasil 57-61 y vs. Cuba 66-50.
"Palito" Colombo jugó 3 partidos, sumando 39 minutos. Convirtió
17 puntos (5,66 de promedio).
Esa vez, el jueves 17 de marzo de 1955, se consigiuió un triunfo que pasó
a la historia. Porque por primera vez un país les ganó a los
norteamericanos un partido en los niveles olímpico o panamericano. Paco del
Río me evocó la estrategia que se planificó entre los dos técnicos:
"Coincidimos en que no se les podía jugar de igual a igual.
En una época en que todavía no había límite para la posesión, debíamos
cuidar la pelota haciendo un juego de control y retención".
La revista "El Gráfico", a su vez, refrendó el plan:
"Era cuestión de ir con tacto, sería muy difícil ganarles si Argentina
salía a la cancha a jugar a pura velocidad. Se corría el riesgo de estrellarse.
Era cuestión de provocar un score chico, de ganar por poco o perder por
poco. Esto no significa avaricia, ni temor. Era táctica, pura táctica,
contra un conjunto que tenía un promedio de 1,90 de estatura".
Dos campeones olímpicos de Helsinki 1952 integraron el equipo
norteamericano: Robert Kenney y John Kelley. "El Gráfico"
calificó a la defensa norteamericana de formidable. "Sobre todo
en los alrededores del tablero tenían una facilidad de maniobra, de cambios
de marcación, que los hacían parecer invulnerables".
Se cumplió el plan de juego, se ganó el primer tiempo 29-23, promediando el
complemento se continuaba adelante 43-30 y se llegó 53 iguales hasta
faltar 20 segundos. Hubo minuto y Argentina tenía que reponer. Don Casimiro
le pegó un grito a del Río: "¡Andá al reloj!". Quería que Paco
fuera un vigía observador, por las dudas, en un momento de extrema tensión.
González Trilla debió hablar muy fuerte en el oído de cada jugador
porque el clamoreo en las tribunas era infernal... "¡Tengan la pelota!
¡Cuídenla, jueguen abiertos! ¡ Y cuando falten seis o siete segundos que se
meta Roberto... ahí tenemos que ganar el partido!"
Roberto era Roberto Luis Viau, un armador de depurada técnica en sus
movimientos. La retención se hizo hasta que, desde el banco, surgió la
orden para que Roberto intentara el famoso "último tiro". Buscó
la entrada rápida con un amague, se levantó para lanzar y, en el aire, le
cayó un brazo de Alva Wilfong sobre un brazo y su espalda. Foul. Dos tiros
libres para Argentina. La estrategia se había concretado de manera
perfecta.
El primero aumentó el nerviosismo: Roberto no le pegó al aro. El
banco argentino, entonces, saltó con un solo grito: "¡Tirá con
tablero! ¡Tirá con tablero!" Roberto les hizo caso y fue adentro:
Argentina pasaba a ganar 54-53. Según el diario porteño "La Prensa" faltaban
nada más que diez segundos.
Francisco del Río recuerda que, en la mesa de control, estaba parado a la
izquierda del reloj y tenía una visión angulada. Repusieron y el alarido de
Paco fue un estruendo que le salió del alma: "¡¡¡ Tiempo !!!"
Un norteamericano le retrucó en el acto: "¡¡¡ No !!!".
Pero nada más hizo modificar el histórico resultado.
Los anotadores de Argentina: Roberto Viau (9 puntos), Ricardo González (3),
Juan Carlos Uder (*), Oscar Furlong (14) y Alberto López (11 *) estuvieron
en la formación inicial de Argentina. Después ingresaron Juan Gazsó (8),
Rubén Pagliari (7) y Horacio Colombo (2).
(*) Salió por límite de fouls.
La derrota posterior contra Brasil nos sacó la medalla de oro de las manos.
"Perdimos porque le jugamos demasiado como amigos", fue la
explicación de Rubén Pagliari. "No defendieron con la misma
rabiosa seguridad que en los otros encuentros", se extendió "El
Gráfico".
La revista también se explayó sobre Colombo: "Dejó en el ropero sus
chiches y creaciones para ser un delantero netamente efectivo".
Horacio José Colombo nació en el barrio de Palermo, en la ciudad de
Buenos Aires, el 23 de noviembre de 1934. A los pocos días sus padres, junto a
su hermana Lidia, se trasladaron a una nueva casa que estaban construyendo
en el barrio Luis María Saavedra, en lo que en esa época se conocía como
"Chacras de los Saavedra", cerca de la estación del Ferrocarril
Central Argentino (hoy General Mitre).
Sin televisión ni Internet, el lugar de encuentros
era en el club del barrio: Estudiantes
del Norte, situado -todavía- en Holmberg al 4000. Su cancha de
básquetbol era con piso de baldosas.
En la división novicios descollaba Alberto López, luego campeón
mundial de 1950 y con quien Colombo compartió equipos en River Plate.
"Deslumbraba -lo elogia- por su juego, por su estampa y por el aura
que rodeaba cada una de sus interveciones. Fue un incomparable compañero en
la vida. Soñaba jugar como él, nunca lo logré".
La foja internacional de Colombo continuó en ese mismo año 1955. Canavesi,
vuelto al equipo nacional, lo llevó al 16° Campeonato Sudamericano
efectuado en Cúcuta, Colombia. Este fue el plantel: Osvaldo Aldunate, Juan
Barea, Carlos Cisneros, Horacio Colombo, Felipe Fernández, Oscar
Furlong, Juan Gaszó, Ricardo González, Adolfo Lubnicki, Rubén Pagliari,
Edgard Parizzia, Orlando Peralta, Carlos Vasino y Roberto Viau.
Argentina ocupó el cuarto puesto, con Brasil campeón, con cinco
triunfos y tres derrotas. El desarrollo de la competencia fue por puntos,
todos contra todos, y se registraron los siguientes resultados: vs. Ecuador
44-33, vs. Perú 71-53, vs. Colombia 45-42, vs. Brasil 45-63,
vs. Paraguay 50-53, vs. Venezuela 80-62, vs. Uruguay 57-56
y vs. Chile 59-65.
En un diario colombiano se escribió lo siguiente: "Argentina tiene a
Horacio Colombo, el número 13. En la defensa y en la ofensiva es un espectáculo.
Es el mejor hombre de la Selección gaucha".
Década del Cuarenta. "Por esos tiempos los padres ya comenzaban a
preocuparse para encaminar a sus hijos en la práctica de algún deporte,
sobre todo porque 'es bueno que los chicos sepan nadar'. Así fue que, con
varios amigos del barrio de Saavedra -casas bajas, nos conocíamos todos-
nos hicieron socios del club atlético River Plate", evoca a
quien apodaron "Palito".
Y sigue: "En verano, a las cinco de la tarde, los guardavidas
invitaban a los chicos -todavía lo éramos- a retirarse de la pileta. En
verano el sol apretaba a esa hora y entonces ocupábamos nuestro tiempo
lanzando pelotas al aro en dos canchas que estaban al aire libre, con piso
de polvo de ladrillo. Se trataban de balones N° 6, con tiento. Era lo que
había y en ese entonces estaba bien. Corría el año 1945, cuando
cumplió 11. Así comenzó mi romance con el básquetbol.
Una tarde me aproximé a la cancha cubierta, debajo de una tribuna del
fútbol, donde hoy está el estadio, y pregunté: ¿Cómo puedo aprender
a jugar al básquetbol?". Le señalaron a un señor que estaba sentado en
unos bancos de metal que circundaban la cancha observando a varios chicos.
Era nada menos que Horacio Agustín Pacazocchi, el histórico
dirigente del básquetbol de River. El mismo le enseñó los primeros
movimientos de la bandeja y le pidió que volviera al día subsiguiente.
El sábado 15 de agosto de 1953 el básquetbol argentino logró en
Dortmund, Alemania, el torneo de los terceros Juegos Deportivos
Universitarios de la FISU
y así se adjudicó otro título mundial. Fue la competencia que luego se
popularizaría como "Universiada".
El plantel argentino también fue dirigido por el profesor Jorge Hugo
Canavesi.
Cuatro campeones mundiales de 1950 volvieron a consagrarse una vez más:
Pedro Bustos, Oscar Furlong, Ignacio Poletti y Roberto Viau. Completaron:
Carlos Bianco, Jose María Cavallero, Horacio Colombo, Carlos
Facetti, Jorge Martínez, Luis Piedrabuena, Alberto Trama y Bruno Varani.
El torneo de básquetbol se disputó ininterrumpidamente desde el domingo 9
al sábado 15 de agosto de 1953. Argentina ganó sus siete partidos
con este detalle: 72-12 a Persia, 62-34 a Egipto, 48-19 a Luxemburgo, 67-40 a Alemania, 63-40 a Bélgica, 74-67 a España y 61-42 a Brasil.
Al respecto, el periodista Carlos Fontanarrosa escribió el
siguiente párrafo en la revista "El Gráfico":
"Se puede jugar contra equipos débiles, pero se les puede ganar de muy
distinta manera: convenciendo o sin convencer. Los argentinos han convencido
hasta a las piedras".
En un diario de Barcelona (España) se leyó en esa oportunidad: "Quien
en verdad cautivó nuestro ánimo fue Colombo. Sus enormes facultades
y su juego levantaron, en más de un momento, clamores de verdadera admiración..."
Colombo continúa el relato de su trayectoria en River Plate:
"Decidido a probar en el básquetbol, me presentaron al joven
entrenador. Si mi memoria no me falla era Vito Liva, un grandote
bonachón, duro por su físico a quien luego, por un período breve, tuve el
honor de acompañarlo en Primera División. Mi primera ropa, camiseta blanca
de piqué con la banda roja y el pantalón negro, me dejó sin dormir
varios días.
Así fui campeón de Infantiles de la Asociación Buenos
Aires en 1946, 1947, 1948 y 1949". En las divisiones formativas
Colombo fue compañero de Roberto Celedón, Juan Carlos Danel, José Novoa,
César Nucelli, Eduardo Burgell y Eugenio García Correa.
El sueño de llegar a Primera también se cumplió: "La ida de
Pichón Contarbio al Racing Club, en 1951, y la de Roberto Gerard al
Platense de 'Los Aviones', más otros que de a poco dejaron de jugar
-evoca-, produjeron baches en el equipo superior que permitió el ascenso de
varios imberbes entre los cuales estaba yo, después de haber hecho banco en
Cuarta e Intermedia.
La prueba de fuego fue justamente contra ese Racing Club de los campeones
mundiales en un torneo abierto que hizo época: la Copa 'Antonio Pafumi' que
se jugaba en el Club Sportivo Barracas. Tuvimos la fortuna de ganar de la
mano de Emilio Crespo y Carlos Pirotta".
¿Cómo jugaba "Palito" Colombo? El mismo lo explica:
"Mi función en la cancha era recorrer la llave -hoy 'zona pintada'-
hacia un lado y otro, complementando la tarea del centro Alberto López y
recibiendo -para mi lucimiento- sus precisos pases para definir con algún
lujo. El desarrollo de esta estrategia corría por cuenta de nuestro
director técnico, Francisco 'Paco' del Río, gran consejero además. Fui un
buen rebotero en ataque y tenía el 'timing' necesario para cachetar
la pelota hacia el cesto corrigiendo la trayectoria de pelotas perdidas en
esas alturas".
Mi amigo Eduardo Alperín, periodista que cubrió ocho Juegos
Olímpicos y siguió vastamente al básquetbol con el periodismo escrito, la
radio y la televisión durante tres décadas, redactó esta magnífica pintura
de Colombo:
"Fue el aire fresco que llegó en el momento justo para River
Plate y el básquetbol argentino. Se necesitaba cubrir el hueco creado
debajo de los tableros con las idas de Contarbio y Gerard. Allí estaba él,
a mitad de camino de sus 17 años. Aquí vale una acotación: en esa época,
medir 1,90 m.
o más, era la estatura ideal para un pivote. Lo eligieron y no se
equivocaron. Así, de la mano de Alberto López, Palito Colombo nació para el
básquetbol grande a principios de la década del '50.
Caminando era la perfección de la verticalidad. Jugando poseía
agilidad, plasticidad y elegancia. Eso me hizo asemejarlo con un bailarín,
siempre presto a realizar la aparición más inesperada, con una rapidez de
maniobra capaz de sorprender al mejor marcador. Ofensivamente, compuso con
Alberto López una pareja inolvidable. Alberto se ubicaba de espalda
al tablero a la altura de la línea de la línea de tiros libres, en el borde
de la llave. Se daba media vuelta, se elevaba y tiraba al cesto o enviaba
la pelota alta para que Palito apareciera como un fantasma y la cacheteara
al doble.
El "cacheteo" fue un don que le dio fama. Porque, además,
se escurría velozmente en medio de la defensa, atento a los posibles
rebotes, y llegaba justo para tocar la pelota y ponerla dentro del aro. No
sólo eso: daba los pases sin retenerla en sus manos.
Era guapo, caballeresco, astuto y con personalidad. Transmitía
alegría en sus elegantes desplazamientos y sumaba un rostro de chico bueno,
siempre sonriente, para conquistar a los simpatizantes de todos los
equipos.
Apenas cumplidos los 22 años, fue injustamente inhabilitado. Estaba en
plena evolución y nunca sabremos cuál era su límite. De promesa pasó
a ser realidad y no lo dejaron construir su proyección definitiva. Una
inmensa pena".
Con River Plate, en Primera División, fue campeón de la Asociación Buenos
Aires del Oficial en 1951 y del Torneo Apertura en 1954,1955
y 1956. Dos veces ganó el Campeonato Metropolitano: 1952 y 1955.
"El River de esa época -radiografía Colombo- tenía la virtud de
hacer fácil lo difícil. A veces nos excedíamos en pases exquisitos, porque
ése era el sentir de sus jugadores, salvo cuando debíamos recuperar la
pelota. Hacíamos un juego que agradaba a la vista..."
"Palito" también evoca los muy esperados duelos con Gimnasia y
Esgrima de Villa del Parque: "Era un equipo muy técnico que jugaba
de memoria con un conductor magistral que era el centro: el maestro Oscar
Furlong. El nuestro fundaba su juego en la fuerza bajo los tableros y las
marcas férreas de Horacio Gestoso y Héctor Calvo. En ataque teníamos
velocidad y sorpresa en Roberto Celedón, Eduardo Burgell y Julio Gamba, más
la capacidad goleadora de Alberto López y un poquito yo". Nos
encontrábamos en los Metropolitanos o en algún torneo abierto o por
invitación".
El nombrado Julio Gamba después fue decano de la Facultad de Ciencias
Económicas de la
Universidad de Buenos Aires.
Por supuesto, en numerosas oportunidades integró también el Seleccionado de
la Asociación
Buenos Aires. Una vez mereció este apunte de
la revista "El Gráfico": "Colombo: un delantero que,
además de gol, sabe conseguir un efecto sensacional con sus pases. El
público deseaba que estuviera en juego, porque entonces era factible la
sorpresa, el gran gol y no el gol común, la movilidad, en fin, que Colombo
le da a todos los jugadores la oportunidad de correr y recibir la pelota en
cualquier momento, de inventar jugadas a la carrera..."
Colombo fue una de las víctimas de la ridícula y brutal inhabilitación,
esgrimiendo un falso profesionalismo, decretada por la Confederación
Argentina de Básquetbol, SI, increíblemente por la propia
Confederación Argentina de Básquetbol, a la caída de Juan Domingo Perón.
Su último partido oficial lo jugó el 10 de enero de 1957, en la cancha de
Ateneo de la Juventud,
contra Gimnasia y Esgrima de Lanús. ¡¡¡ Tenía 22 años !!!
Rehabilitado después de trece años, volvió una noche en el gimnasio del
Colegio Don Bosco, jugando siempre en River Plate y dirigido por su ex
compañero Horacio Fernando Gestoso.
Me contó esa experiencia: "Como dice el refrán, 'nunca segundas partes
fueron buenas'. A pesar del esfuerzo para ponerme en forma y del apoyo de
la dirección técnica, no logré superar los tiempos. Mi altura de 1,90 m. ya no era
nada y había dejado de ser determinante en la llave. La comunión con
otras técnicas, entre seis y ocho meses después, me fueron alejando
de este desafío".
Participó una vez en el Campeonato Argentino, en 1954 en Córdoba.
Fue quinto con Capital Federal. Como compañeros tuvo a cuatro
campeones mundiales: Ricardo González, Omar Monza, Ignacio Poletti y
Roberto Viau.
Ese mismo año, también con el equipo porteño, Colombo participó en el
torneo organizado por la Confederación Argentina para conmemorar sus Bodas
de Plata. Se realizó en el Luna Park y en San Lorenzo de Almagro.
Igualaron el primer puesto con Santa Fe y no hubo desempate.
Horacio, recibido de contador público nacional (UBA), incursionó en la dirección técnica obligadamente al
haber dejado de jugar tan joven. Pasó, en diversas categorías, por Premier,
Gimnasia y Esgrima de Lomas, su Estudiantes del Norte,
Gimnasia y Esgrima de Lanús y Gimnasia y Esgrima de Villa del Parque.
Dice que, en realidad, fue "enseñador", porque el cargo de
entrenador le quedaba grande...
"Palito", como no podía ser de otra manera, tuvo a sus fieles
seguidores. Allí se encolumnaron su tío Luis Sánchez, su hijo Rodolfo,
su amigo Pedro Pagani (un preciso memorioso de su carrera) y sus fanáticos
del barrio Luis María Saavedra.
Hijo de jugador y padre de jugador. Pero ya debemos hablar de la
"dinastía Colombo". En la temporada 2004 / 05, en el roster de
Loyola University, de New Orleans, Estados Unidos de América, con el número
42 figuró Matías Colombo, procedente del American School de Buenos
Aires.
Es el nieto que colma de alegría a Horacio: "Además de sus estudios de
Negocios, allí nos enorgullece siguiendo las huellas de su padre y de su
abuelo", confiesa.
Jugó siete partidos para los "Wolfpack" ("manada de
lobos"), que pertenecen a la Gulf Coast Athletic Conference, la
organización universitaria de la División I de la NAIA. Matías
no podía traicionar a la dinastía. Hay mucho básquetbol en su sangre.
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JOSÉ MARÍA GATICA

En la ciudad de Villa Mercedes, provincia de San Luis, un 25
de mayo de 1925, nacía uno de los más grandes ídolos del boxeo argentino,
José María Mono Gatica.
Como boxeador amateur realizó algunos combates. Su primer
combate profesional lo realizó el 7 de diciembre de 1945 noqueando en el
primer round a Leopoldo Mayorano.
Durante casi dos décadas Gatica fue uno de los grandes
ídolos de los argentinos.
El Mono
Gatica, con aptitudes naturales fenomenales y muy agresivo, nunca logró ser
campeón argentino ni combatir por el título del mundo de la categoría
livianos, pese a enfrentar al campeón mundial Ike Williams, en Estados
Unidos, durante un combate en el que perdió en el 1er round luego de tres
caídas.
Su gran rival en el ring fue el campeón argentino y
sudamericano de la categoría, Alfredo Prada, con quien combatió dos veces
como amateur (1 ganada y 1 perdida) y cuatro como profesional (2-2). En la
primera pelea del campo rentado, el 31 de agosto de 1946 en el Luna, el Mono ganó por puntos en un combate
tan desordenado y callejero, que Gatica sufrió el descuento de 5 puntos
mientras que a Prada le descontaron 15 puntos.

En su vida personal el Mono Gatica contó con la especial simpatía del matrimonio
presidencial de ese entonces, Perón y Evita. Ellos se hicieron cargo de todo
lo necesario para que el boxeador y su equipo viajaran con mucha antelación a
EE.UU. para aclimatarse antes de enfrentar al campeón mundial Ike Williams.
Pero Gatica era incorregible
y su entrenador Nicolás Preziosa, manager del Mono, 25 días antes del combate, cansado de las indisciplinas
del ídolo, lo dejó solo, ante la poca adicción al gimnasio. Esta pelea,
transmitida por Fioravanti por radio para nuestro país, se realizó el 5 de
enero de 1951 y fue la única vez que un Gran Premio del Turismo Carretera
(TC) debió demorar su largada por el interés que había despertado la pelea de
Gatica.
Una muy famosa anécdota de Gatica relata que, tras una de
sus grandes peleas, luego de un triunfo en el Luna Park, Perón se acercó a
saludarlo al ring. Entonces, todo transpirado, Gatica le acercó su mano al
general expresando para los periodistas y los fotógrafos que retrataban ese
instante: -Dos potencias se
saludan.
El 12 abril de 1947 y con un estadio Luna Park lleno, con
los antiperonistas
ubicados en la platea, que alentaban a Prada (un boxeador tan peronista como
Gatica, pero quien por esas cosas del destino se encontró siendo alentado por
los oligarcas del ring
side), el Mono peleó durante
cuatro rounds con la mandíbula fracturada y debió abandonar porque, según él,
-me dolía la muela bárbaramente
Gatica tuvo tres esposas. La primera fue Ema Fernández,
madre de su primera hija, María Eva. La segunda fue Ema Guercio, a quien él
llamaba Nora para distinguirla de la anterior. Con ella vivió su época de
gloria, de autos descapotados, tapizados con piel de leopardo. Los vecinos del barrio de
Saavedra lo recuerdan como habitué del Club
Estudiantes del Norte, donde en los populares bailes de carnavales siempre
se hacía presente con grandes bolsas de papel picado. La última esposa
fue Rita Armellino, la conoció cuando ya había retornado a la pobreza. Fue la
madre de otras dos hijas, Viviana y Patricia.
Entre 1945 y 1956 realizó, para su gran campańa, 95
combates profesionales, de los cuales ganó 85 (81 de ellos por nocaut),
perdió 7, empató 2 y 1 terminó sin decisión.
El último enfrentamiento frente a Prada fue en el Luna Park
el 16 de septiembre de 1953, cayendo derrotado en la sexta vuelta por nocaut,
comenzando entonces su decadencia como boxeador. En esta pelea hubo 25.000
personas en el estadio y cinco mil alrededor del mismo.
Ya con su decadencia deportiva a cuestas, participó de
exhibiciones de catch con el famoso Martín Karadagian y con el ex gran
campeón mundial italiano de boxeo, Primo Carnera, en la cancha del Club Boca
Juniors, siempre ante una multitud.
Un domingo, luego de un partido de fútbol en la cancha de
Independiente de Avellaneda, al salir de la misma donde vendía
muńequitos, con sólo 38 ańos, sufrió un accidente al querer
ascender a un colectivo, cayendo bajo las ruedas que lo aplastaron. Estuvo
dos días internado hasta que falleció el 12 de noviembre de 1963. Fue velado
en la sede de la Federación Argentina de Box (FAB), porque en su Luna Park se estaba
desarrollando un espectáculo de la Orquesta Sinfónica
de Inglaterra, que no se podía suspender.
Gentileza de la LIGA DEL DEPORTE
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ROBERTO GOYENECHE

Nació el 29 de enero de 1926 en Capital Federal, Buenos Aires,
Argentina.
El Polaco inicia su carrera como cantor de la orquesta de Raúl
Kaplún en 1944, a
los dieciocho años. Y junto al cantor Ángel Díaz "El Paya", (quien
fuera responsable de su apodo). De esta época no quedó testimonio
discográfico.
El "Polaco" que conocemos inicia su época de oro cuando
ingresa en la orquesta de Horacio Salgan en 1952 y durante nueve años como
cantor de Aníbal Troilo.
Muchos buscarán en el estilo de Carlos Gardel y Edmundo Rivero
las influencias de inspiración de Goyeneche, pero jamás copió.
Se constituye como modelo imperecedero de intérprete que a un
tiempo respetó celosamente la letra de los tangos y encontró el hondo sentido
estético de las melodías sin distorsionarlas.
Durante 68 años vivió en Saavedra; donde con 14 años cantaba
para sostener el hogar de su madre viuda.
Fueron varios los maestros de Goyeneche. Gardel, Le Pera, Cátulo
Castillo, Homero Manzi, José María Contursi, Homero Expósito, Discépolo,
Cadícamo. Pero fue sin duda Troilo el que le enseñó el secreto del fraseo.
Además de sus grabaciones con Pichuco, cantó también con las
orquestas de Armando Pontier, Atilio Stampone, Baffa-Berlinghieri, Roberto
Pansera, Leopoldo Federico, Astor Piazzolla y Raúl Garello. El propio Garello
reconoció haber escrito para él no menos 110 canciones.
Aclamado en el Chatelet de París –los críticos lo llamaron
"Gardel reencarnado", dijeron que es capaz de hacer enmudecer al
público leyendo la Biblia
y de petrificar a toda una sala al interpretar "La última curda".
Falleció el 27 de agosto de 1997.
Homenaje de:

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